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JORGE VALDERRAMA
DATOS PERSONALES
TEXTOS
CLASES DE PINTURA
JORGE VALDERRAMA



CARLOS ARTURO FERNANDEZ URIBE
Grupo de investigación en Teoría e Historia del Arte en Colombia
Maestría en Historia del Arte
Facultad de Artes – Universidad de Antioquia



La preocupación central de la obra de Jorge Valderrama se relaciona con los vínculos entre arte y realidad, en una perspectiva que, aunque planteada con propósitos contemporáneos, revisa, al mismo tiempo, algunas de las reflexiones más antiguas y fundamentales de la historia del arte.

En concreto, los trabajos de Jorge Valderrama permiten, por una parte, discutir de nuevo la validez de la obra como imitación y representación de lo real; y, por otra, analizar la manera como la pintura intenta reivindicar la condición de realidad del arte, una realidad que, inclusive, puede superar a la realidad misma.

I.

Durante muchos siglos, el arte debió soportar el peso de la descalificación de Platón acerca de su validez. En efecto, dentro de una línea e interpretación del pensamiento platónico, la obra plástica pierde toda importancia. Si el mundo sensible es apenas una apariencia del mundo de las ideas, la obra del artista, que él considera como una imitación de las apariencias sensibles, acaba reducida a la condición de apariencia de la apariencia o, mejor, de imitación de la imitación, y, por tanto, sin ningún vínculo directo con la verdad como esencia de lo real. Quizá el Platón anciano que excluye tan radicalmente el arte de su universo, quería, sobre todo, atacar los desarrollos de la pintura y la escultura de su tiempo, cada vez más preocupadas por las simples semejanzas particulares. Sin embargo, ese rechazo hizo olvidar los vínculos con la idea que habían determinado los fundamentos del arte griego.

No es necesario detenerse en este momento en los problemas de la mímesis a lo largo de la historia del arte ni entrar a considerar las múltiples salidas que, especialmente a partir del renacimiento, buscaron los artistas en el afán de reformular las relaciones entre arte y realidad o, lo que es lo mismo, validar su trabajo en el marco de la existencia concreta. Quizá desde la perspectiva actual pueda afirmarse, sin incurrir en una inexactitud demasiado injusta, que todos aquellos intentos se quedaban cortos porque, en última instancia, para el arte era imposible salvar el abismo entre la materialidad del mundo y la concepción espiritual e ideal del ser humano.

Por el contrario, tanto el arte como la cultura de las últimas décadas han planteado perspectivas homogéneas para la consideración del hombre y del mundo y, por lo tanto, del arte mismo. O bien, a partir de la desacralización de la realidad se ha impuesto una visión completamente material; o bien, se han reconocido los valores significativos y, en ese sentido, espirituales e ideales de toda la realidad sensible. En cualquiera de las dos perspectivas homogéneas anteriores se ven modificadas radicalmente las relaciones entre la obra de arte y los elementos materiales con los que se produce.

A lo largo de las vanguardias estas dos perspectivas resultaban totalmente incompatibles. En cambio, el arte de las últimas décadas parece mucho más flexible en cuestiones ideológicas como éstas y, en consecuencia, ofrece al receptor de la obra una mayor libertad de lectura e interpretación.

La pintura de Jorge Valderrama presta una especial atención a los materiales en su dimensión de realidad. Son trabajos que dejan de lado los problemas de la representación y de la mímesis y buscan la presentación directa de los materiales, pero sin abandonar su condición de pintura. Los cementos, tierras, gredas o arenas, trozos de madera, alambres, restos de metal, en fin, toda clase de elementos encontrados o buscados, se utilizan justamente por sus posibilidades de textura y por sus valores de color, sin mezclas que las modifiquen a les agreguen bellezas superficiales. En este sentido, se trata de pinturas en las que se impone la belleza de su verdad material más directa.

Los resultados, sin embargo, no quedan limitados a la pura demostración física, como a veces pretendieron algunos de los cultores de la pintura matérica. El arte contemporáneo despliega la ecuación fundamental que relaciona subjetividad y objetividad y, por eso, más que la pura y simple naturaleza, aquí se manifiesta al mismo tiempo la historia, la cultura. No es casual, pues, que las pinturas de Jorge Valderrama aparezcan como superficies vividas, como muros desgastados por el paso del tiempo y por el uso, pero que, además, recuerden las señales de la intervención, esa sí casual y arbitraria, que sobre los muros dejan personas anónimas y desconocidas, pero no por ello menos históricas y vivas.

II.

El mito de Pigmalión ilustra las pretensiones de realidad de la obra de arte, que son incluso más originales y primitivas que las de imitar lo visible.

Como se sabe, según la leyenda recogida por el poeta romano Ovidio, Pigmalión es un escultor que, buscando siempre una mujer de belleza ideal para convertirla en su esposa, decide crear una estatua con toda la perfección que imagina; enamorado de la obra que crea, le pide a la diosa Venus que le de una esposa que sea como la mujer de su estatua; la diosa, entonces, le da vida a la talla, convirtiendo en realidad absoluta la creación de Pigmalión.

La historia del arte ha reconocido en este mito la reivindicación de realidad de la obra de arte. En contra del pensamiento platónico, la creación artística llega a ser más real que la misma realidad que copia o representa. Más aún, aquí se manifiesta una aspiración ancestral y originaria de la creación artística, tal vez anterior a toda especulación estética.

Ernst Gombrich plantea que sin la vinculación entre creación artística y realidad viva que sugiere el mito de Pigmalión, quizá el arte no se habría desarrollado como lo hizo a lo largo de la historia. Pero, a renglón seguido, revela su radical imposibilidad, recordando las palabras de Lucien Freud: “Un momento de felicidad completa no se da nunca en la creación de una obra de arte. La promesa se siente en el acto de la creación, pero desaparece cuando la obra se acerca al término. Porque entonces el pintor se da cuenta de que no hace más que pintar un cuadro. Hasta entonces, casi se había atrevido a esperar que la pintura se pondría a vivir”.

Tal vez las implicaciones de esta dialéctica entre creación y realidad puedan enriquecer el análisis de las obras realizadas por Jorge Valderrama a partir de 2007.

En ellas, haciendo uso de una gran habilidad mimética, se presentan aquellos muros “vividos” que desde antes trabajaba con materiales no convencionales. Ahora, sin embargo, se agregan elementos en parte pintados y en parte tomados directamente de la realidad, unidos de tal manera que muchas veces resulta difícil distinguir unos de otros.

Por supuesto, aquí puede reconocerse, de entrada, un juego de habilidad y de ilusión. Pero Jorge Valderrama no se contenta con ello sino que, revirtiendo el mito de Pigmalión, quiere demostrar los límites siempre precarios de la obra y, de esa manera, aportar al debate actual sobre los problemas del arte. Por eso, más allá de los bordes de la ilusión, que son los de la superficie del cuadro, se descubre la realidad directa.

Al fin de cuentas, la historia de Pigmalión es leyenda y poesía. Y en definitiva, como lo reconoce un desilusionado Lucien Freud, el pintor se da cuenta de que el arte no es la realidad y que lo único que ha hecho es pintar un cuadro.

UNA FORMA DE LO IMAGINARIO
JORGE VALDERRAMA

JAIME ABRAHAM TAMAYO
curador
MEXICO D.F

La forma en que el artistas ejercen el lenguaje constituye su imaginario, y, por supuesto, la estructura de su mundo, según él; así de diversas formas el comparte con nosotros el sentido de sus reflexiones, pulsiones, sentimientos y, por qué no decirlo, hasta patologías.

Hoy tenemos la posibilidad de mirar el trabajo un artista procedente de Medellín, Colombia. En donde podemos mirar un trozo de la diversidad creativa de lo existente en esa demarcación.

Jorge Valderrama tiene como característica la construcción de imágenes a partir de una reflexión sobre la memoria; en sus formas nos conduce por medio de formas primigenias, casi petroglifos en donde sus obras realizadas en barro, arena y diversos materiales de origen natural de la América del Sur, en las obras aquí presentadas, nos permiten observar su magistral manejo de los materiales en los que incursiona, así como la asimilación a su lenguaje pictórico de las formas del culturales de su país. Él le apuesta a la fascinación del espectador por la armonía poética de las formas y las texturas.